Sentir que algo te falta


"El nombre de Jesús es el nombre de uno que, siendo hombre, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios."*

Lo que te falta es Dios, pero no el dios del mundo, un dios iracundo y castigador, un dios que, curiosamente, hace lo que hace el ser humano, porque el ser humano proyecta en él lo que cree está en sí mismo. Ese dios vengativo y condicional no es el verdadero Dios, el verdadero Dios es Amor Perfecto, y el Amor Perfecto significa Pureza, Inocencia, es Todo Abarcador, lo que significa que lo incluye TODO, tanto si crees en Él como si no crees. Él te Ama infinitamente, pues Eres Su Hijo, Eres parte de Él y siempre lo serás. 

Lo único que Dios hace es Amar a Su Creación, por eso es Amor Perfecto.

Tú, que Eres Su Hijo, has olvidado tu verdadera Identidad, crees estar separado de Dios y te conformas con el dios del mundo porque tú mismo crees que mereces  castigo por haberte separado del Amor de tu Creador, crees en tu culpabilidad y por eso ves culpa por doquier, porque la proyectas en el mundo. Más lo haces y más solo te sientes. 

La sensación que te persigue siempre es la de que te falta algo, pero no te das cuenta de que lo único que te falta es Amor Perfecto, es Dios, del que tú elegiste creer que estabas separado, pero no lo estás y nunca lo has estado. No busques afuera lo que está en tu interior.

Para recuperar la paz y la felicidad de saber que estás en Dios solo tienes que elegir creer en tu Unidad con Él, sin temer a Su castigo, porque Él, al ser Amor Perfecto, no culpa ni castiga, sólo Ama. Creer en tu Unidad con Dios es creer en cada ser y cada cosa de este mundo, es ver Amor Perfecto en cada cuerpo (lo que el Curso llama la faz de Cristo) sin exceptuar nada ni nadie, porque solo así recordarás a Dios, sólo así recordarás que el mundo está en tu mente y tu mente es parte de la Mente de Dios.

Escucha la parábola del hijo pródigo y aprende cuál es el tesoro de Dios y el tuyo: el hijo de un padre amoroso abandonó su hogar y pensó que había derrochado toda su fortuna a cambio de baratijas, si bien no había entendido en su momento la falta de valor de las mismas. Le daba vergüenza volver a su padre porque pensaba que lo había herido. Mas cuando regresó a casa, su padre lo recibió jubilosamente toda vez que el hijo en sí era su tesoro. El padre no quería nada más. Lo único que Dios desea es Su Hijo porque Su Hijo es Su único tesoro. *







Texto de Un Curso de Milagros